El castillo de Miramontes se alza sobre un cerro rocoso en el término de Azuaga. La fortaleza fue levantada por los musulmanes sobre restos de origen romano y debe su nombre a su posición elevada, desde la que se domina el entorno.
El topónimo de Azuaga se relaciona con la tribu beréber de los Zuwaga, asentada en buena parte de la Península. A mediados del siglo XII, el geógrafo Al-Idrisi citó el castillo de Miramontes de Azuaga como punto seguro en un itinerario entre Córdoba y Badajoz.
Tras la conquista cristiana, Azuaga fue incorporada al reino de Castilla y León en 1236, durante el reinado de Fernando III el Santo, por el maestre de la Orden de Santiago Pelay Pérez Correa. El castillo se convirtió entonces en casa de la Encomienda de la Orden de Santiago, aunque décadas después fue abandonado y la sede de la encomienda se trasladó a un edificio más cómodo y habitable.
Desde 1400 no se realizaron reparaciones en sus muros y, en 1494, su estado era tan deficiente que se ordenó al comendador de Azuaga, don Luis Portocarrero, acometer la reparación de toda la fortaleza.
En la actualidad el castillo se encuentra en ruinas: se conservan los restos de un par de cubos de torre con sus saeteras, vestigios de sus muros de contención y los cimientos de las que fueron dependencias interiores.