Azuaga mira al campo ante la campaña contra la langosta
La activación del operativo autonómico devuelve el foco a una amenaza recurrente para el campo de la Campiña Sur
La activación en Extremadura de la campaña oficial frente a la langosta mediterránea vuelve a situar a Azuaga y al campo de la Campiña Sur en el centro de la atención agraria. No es una preocupación nueva: la lucha contra este insecto forma parte de las campañas fitosanitarias que la Junta mantiene cada año y Azuaga ya figuraba en la relación oficial de municipios incluidos en la campaña de 2026.
La preocupación no es menor. La propia Junta explica que la langosta mediterránea puede provocar daños graves en la agricultura y en los pastos, especialmente cuando sus poblaciones aumentan y llegan a desplazarse a decenas de kilómetros del lugar donde nacen. En Extremadura, su presencia histórica se asocia a comarcas de suelos pobres y zonas de erial y pasto, con especial incidencia en áreas de la provincia de Badajoz.
Para los agricultores y ganaderos de Azuaga, la noticia se traduce en una idea muy clara: toca vigilar el terreno y actuar con rapidez si aparecen focos. La experiencia de campañas anteriores ha llevado a insistir en la detección temprana y en la comunicación de cualquier incidencia a ayuntamientos o asociaciones agrarias, una colaboración que el sector considera clave para limitar daños antes de que la plaga gane terreno.
El dispositivo autonómico se apoya, además, en un sistema de control integrado que combina la responsabilidad de los propietarios o arrendatarios de las fincas con la intervención de la Administración cuando la intensidad o la extensión del problema requieren medios extraordinarios. La normativa de la campaña de 2025 contemplaba tratamientos terrestres, la posibilidad de recurrir a medios aéreos si la situación lo exigía y la colaboración de los ayuntamientos con personal y recursos.
En una localidad como Azuaga, donde el campo sigue siendo una pieza esencial de la economía y del paisaje, cualquier aviso sobre la langosta mediterránea se sigue con atención. Más que una alarma puntual, lo que se reactiva cada primavera es un dispositivo de vigilancia que busca evitar que una amenaza conocida termine convirtiéndose en un problema mayor para explotaciones, pastos y cultivos del sur extremeño.
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